02 mayo 2014

El asesinato de Monkey Black, un rapero a la conquista de Europa



Leonardo Michael Flores Ozuna, alias 'Monkey Black', 
fallecido la noche del miércoles en Sant Adrià del Besòs.


/El Pais

Barcelona. “Yo soy rapero, soy un artista urbano”, dice en una entrevista colgada en Youtube el joven Leonardo Michael Flores Ozuna, más conocido como Monkey Black. Sonríe mucho, y bromea de su fama y su éxito con las mujeres. La noche del miércoles, este famoso rapero dominicano de 27 años, fue asesinado tras una disputa en un bar del conflictivo barrio de San Roque, en Sant Adrià del Besòs (Barcelona), donde vivía. Recibió al menos dos cuchilladas, una en el tórax y otra en el costado, que le costaron la vida. Los Mossos d’Esquadra buscan a dos hombres, que huyeron del local, dejándose un móvil, y sus copas sin acabar.
La muerte del joven rapero despertó una oleada de solidaridad en las redes sociales. El “artista urbano”, según su propia definición, era un ídolo en su país. E incluso el ministro de Cultura dominicano, José Antonio Rodríguez, lamentó su muerte. El joven debutó con 10 años y en 2006 empezó su carrera profesional, con algún tema conocido como Tienen miedo. El éxito llegó con El sol y la playa, del que hizo un remix con el conocido rapero estadounidense Pitbull.

En 2009, viajó a España, desde donde pretendía internacionalizar su carrera musical. En Barcelona se casó, y continuó grabando algunas canciones. “El 24 de enero de 2012 le entrevisté en su casa y me contó sus proyectos”, recuerda Santiago Matías, de Alofoke, un conocido portal musical dominicano. Pero al año siguiente, el entorno del rapero constató que las cosas no iban por buen camino. “Sabíamos que no estaba haciendo nada, que en Europa estaba perdiendo el tiempo”, cuenta Matías, que en septiembre del año pasado regresó a la ciudad catalana para convencerle de que volviese a su país, a recuperar el éxito y la fama. Los altercados y las disputas, por su carácter “desenfrenado”, le estaban pasando factura. En febrero, le detuvo la Guardia Urbana de Badalona, por disturbios en la calle. Poco después, le echaron de una conocida discoteca de la ciudad, donde montó un espectáculo. “Nos temíamos lo peor, pensábamos que iba a acabar mal”, explicó ayer Matías. El rapero además vivía una época personal complicada, se había divorciado, y no tenía familiares cerca. Pero seguía sin querer regresar a su país, a pesar de que incluso le pagaron billetes de vuelta.


El cadáver del apero yace cubierto en el lugar donde cayó muerto.
Alberto Bragado, especializado en artistas dominicanos, dirigió la carrera de Monkey Black en Europa. “Ahora mismo estaba con un parón en España, desde hacía un año no tenía eventos”, contó Bragado. Pero antes había actuado en Suiza, en Milán, en Parma... En los últimos meses, el rapero estaba planteándose regresar definitivamente a República Dominicana para retomar su carrera, cuenta el exmanager y amigo del cantante.

El miércoles, Monkey Black estaba en el bar Aparkao. Allí discutió con dos hombres, de etnia gitana, por motivos que todavía no están claros. “Le vi salir con la espalda ensangrentada”, contó ayer una de las dueñas del local. Monkey Black apenas tuvo fuerzas para caminar unos metros. Intentó entrar en otro bar a pedir ayuda. “Faltaban diez minutos para la media parte del partido del Atlético de Madrid contra el Chelsea”, explicó ayer un testigo de lo sucedido. Monkey Black trató de abrir la puerta del bar, pero iba “muy dura”. Fue incapaz. Unos segundos después se desplomó de lado en el suelo, donde acabó muriendo.

Las preguntas no eran bienvenidas ayer en el bar Aparkao, que regentan dos mujeres. “Ellas saben quiénes han sido”, aseguró Jellin el nueve, un joven de 28 años, amigo de la víctima. Las mujeres, emocionadas, se limitaban a decir que no les dio casi tiempo a percatarse de lo sucedido. Los agresores huyeron del local, pero en el barrio dan por hecho que eran habituales del establecimiento en cuestión.

Amigos de la víctima se concentran ante el lugar de los hechos pidiendo justicia

“Si la policía no hace nada, nosotros lo vamos a hacer porque sabemos quién ha sido”, afirmaba, casi a voz en grito, Brian Eliel, de 27 años. Según él, entre Monkey Black y el homicida había habido anteriormente algún “pequeño percance” que tampoco detalló. En el barrio corría la versión de que el inicio de la pelea fue por una mujer, una explicación no confirmada por la policía. “Queremos que se haga justicia. Todos saben quiénes son, o se entregan o iremos a por ellos”, amenazó otro amigo de la víctima, Ericson Junior. Los allegados del joven criticaron también que la ambulancia tardó en atenderle. “Me decía ‘no me dejes morir”, contó un amigo del rapero, que lamentaba el trato que recibió. “Quizá hubiese muerto igualmente en el hospital, pero fue injusto”, aseguró.

En la República Dominicana, la muerte del joven se conoció el mismo miércoles por la tarde, debido a la diferencia horaria. La madre del rapero, Antonia Ozuna, repetía en medios del país que su hijo estaba “solo” en España, y pedía que cuanto antes repatriasen su cadáver.

Su padre, José Antonio Flores, lamentó también el asesinato de su hijo, el mayor de ocho hermanos. Aunque reconoció que el rapero tenía un carácter “incorregible”, y que no solía dejarse aconsejar por las personas que dirigían su carrera musical.



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